martes, 28 de julio de 2009

Guillermo Hidalgo: Un titán desde su nacimiento hasta su muerte.


Todos te han rendido tributos a su forma...

En cierto modo, yo también lo hice.

Esta mañana me desperté tarde (13:00) y apurado, porque junto con el resto del Centro de Alumnos de mi carrera, teníamos que llevar alguna corona a tu funeral. Tomé una once contundente y comencé a buscar en amarillas.cl, encontrando ofertas de arreglos florales desde 15 lucas hasta 30. Me angustié, pues era mucho para nuestro pequeño presupuesto. Pensé, "¿qué diría el Guille?"... "cagao de la risa encuentro más baratas cerca de Estación Mapocho" me contesté.

Así partimos con la Cami (amiga, ex-algo, ex-amiga y ahora, nuevamente, amiga) a la Pérgola de las Flores a comprar nuestra ofrenda. Mientras íbamos cruzando el puente vimos una escena que de seguro tú hubieras transformado en un gran reportaje: dos flaites sentados en sillones rojos a orillas del Mapocho, pidiendo plata a la gente que pasaba por el puente.

Camila, con su ojo de reportera gráfica, quiso tomar una foto a esa escena que se construía frente a nuestros ojos. Cuando los tipos se dan cuenta de que una cámara de foto los apunta, empiezan a gritar improperios y a lanzarnos piedras. Como te debes haber reído Guille, ¿no?

Después, la elección de los arreglos florales. Nunca nos pusimos de acuerdo en cuál llevar. Todos parecían muy formales y llorones, para un tipo que en la vida había demostrado todo lo contrario.

Cuando por fin llegamos a un consenso, nos dimos cuenta del gran trayecto que nos esperaba con las flores en mano. Claro, que no hubo grandes problemas para que llegaran sanas y salvas. Lo raro es que todos me miraban cuando las llevaba en las manos, como si anduviera paseando la corona de la Miss Chile.
Oí tu sonrisa disimulada en cada rincón por el cual pasamos.

Después de esta larga aventura, llegamos a la Iglesia. La misa empezaba a las 14:00 y llegamos casi a las tres. Cuando me paré de frente, decidido a entrar a la misa, me acordé de las tallas que tirabas cada vez que llegaba tarde. Imposible enojarse, aunque me ridiculizaras con algunas.

Y claro, ahí estaba yo de nuevo tarde... para tu último adiós... No alcancé a decirle chao a tu persona, pues justo cuando nos aprestábamos a entrar, todos comenzaron a salir. Es por eso, que hoy le digo adios a tu alma, a través de este pequeño texto (sé que esta última parte me la editarías, diciéndome "ibai bien hasta que te pusiste mamón").

Mucho más que decir Guille, pero muy poco tiempo para hacerlo. Sólo recalcar que los pasillos de la Universidad ya no serán tan humorísticos como lo eran cuando tú pasabas por ellos, y nos marcabas a cada uno de los que te conocíamos una sonrisa en la cara.

Descansa en Paz.

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